DELENDA EST CARTHAGO
La frase es atribuida a Catón el Viejo (234-149 a.C.) quien, según fuentes antiguas, la pronunciaba cada vez que finalizaba todos y cada uno de sus discursos durante los últimos años de las Guerras Púnicas, alrededor del año 150 a.C. Igual daba que se encontrara hablando en el Senado de Roma, en el Foro o en los retretes públicos. Cartago debía ser destruida. No se trataba de vencerla. Se trataba de destruirla, de arrasarla, de borrarla de la faz de la Tierra para siempre, sus piedras, sus ciudadanos, e incluso su recuerdo debía desaparecer.
Roma odiaba a Cartago. Pero Cartago también odiaba a Roma como jamás en toda la Historia dos naciones se han odiado. Los ciudadanos de ambas urbes, dueñas ambas de extensos territorios, creían firmemente que merecía la pena que su ciudad se hundiera en el infierno si conseguía arrastrar a la otra con ellos. No había rivalidad o enemistad. Había un odio irracional cuyos ecos aún nos llegan nítidos tras más de 2000 años.
Catón no vivió para verlo, pero Cartago, capital de la nación púnica, fue arrasada con una minuciosidad tal que los arqueólogos sólo han conseguido encontrar pequeños restos de lo que antaño fuera la mayor y más rica ciudad del Mediterráneo. Los magníficos edificios fueron primero incendiados, luego demolidos y para finalizar la tarea sus cimientos fueron arrancados. El páramo en el que los romanos convirtieron Cartago fue sembrado con sal para que nada volviera a crecer allí y cualquier resto de la esplendorosa cultura cartaginesa fue perseguido y exterminado. Borrado del libro de la Historia, muchas veces para siempre.
Según la tradición, Cartago fue fundada por exiliados de la ciudad fenicia de Tiro en el año 814 adC , en una antigua península que delimitaba uno de los bordes del actual golfo de Túnez, un lugar escogido y seleccionado por ser fácilmente defendible y situado geoestratégicamente en las rutas comerciales que mantenia Tiro en esa epoca. Era una escala ideal para las líneas comerciales fenicias que abarcaban todo el Mediterráneo y aún más allá de lo que los griegos conocieron como “Las Columnas de Heracles” y nosotros como el estrecho de Gibraltar.
Cuenta la leyenda que Cartago fue fundada por Elisa o Dido, hermana de Pigmalión, rey de Tiro. Dido había escapado de Tiro porque su hermano ambicionando un tesoro de Siqueo, esposo de Dido, la obligó a convencer a Siqueo de que le revelara su ubicación. Dido le dijo a Pigmalión que buscara el tesoro en un lugar equivocado y él, confiado, asesinó a Siqueo y corrió a buscar el tesoro en un lugar mientras Dido lo desenterraba de su verdadera ubicación. Con el tesoro y sus seguidores se embarcó a las costas mediterraneas del Africa (Dux facti erat femina: era una mujer la que dirigía la empresa). Llegó hasta la región habitada por los libios y les convenció de que le obsequiaran con una porción la tierra para fundar una ciudad. Ellos prometieron regalarle lo que ocupara una piel entera de buey, así pues ella mandó a cortar la piel en finas cuerdas y así demarcó los grandes límites de lo que se convertiría en Cartago. La leyenda nos da alguna pista sobre el carácter de los cartagineses: la astucia, el engaño en la transacción que es la madre del comercio, virtudes que los púnicos (así conocían los romanos a los cartagineses ya que eran fenicios) consideraban señas de identidad nacionales… precisamente aquellas que más odiaban los romanos.
La ciudad, en principio un enclave comercial, fue llamada Qart Hadasht, que en lengua fenicia significa “ciudad nueva” y para su emplazamiento se escogió cuidadosamente un istmo fácil de defender con un magnífico puerto natural. Tras la toma de Tiro, conquistada por los asirios en 574 a.C., gran número de refugiados llegaron a Cartago a bordo de la poderosa flota que logró salvarse. El crecimiento de la ciudad fue enorme a partir de entonces. El puerto natural se quedó pequeño y se construyeron dos nuevos puertos que constituyeron una auténtica maravilla de la ingeniería, uno rectangular de uso civil y otro circular de uso militar unidos ambos por un canal. Todo el perímetro del istmo fue fortificado y Cartago desarrolló una actividad comercial que la convirtió en la dueña del Mediterráneo occidental. El primer choque entre potencias tuvo lugar cuando Cartago se enfrentó con las colonias griegas. Tras la batalla de Alalía en 540 a.C., Cartago quedó dueña de la parte oeste de Sicilia, tras lo que expandió su poder a Córcega y Cerdeña. En ese momento, Cartago era la primera potencia del Mediterráneo occidental y su poder parecía incuestionable.
Sin embargo, una nueva potencia emergía con irresistible fuerza: Roma. La pequeña ciudad italiana había conseguido librarse del yugo etrusco y sojuzgado el centro de Italia gracias a su superior organización militar. Su expansión en Italia fue imparable. Cada vez era menor el espacio que separaba a ambas ciudades, pero la chispa que encendió el fuego estalló en Sicilia. Justo en el punto que en el año 264 a.C. separaba los intereses de ambas potencias.
Tras tres guerras que desangraron a ambos contendientes, Cartago fue destruida hasta los cimientos, su población muerta o esclavizada y su cultura cuidadosamente enterrada en el olvido. Sin embargo, Cartago pervivió, a pesar de la meticulosidad con que los romanos trataron de borrar sus huellas. Y no sólo eso: un romano de origen púnico que aún hablaba retazos de la lengua de Aníbal, Septimio Severo, llegó a ser emperador de Roma. Los últimos restos del legado cultural púnico sólo sucumbieron ante el Islam, más de 700 años después de la aniquilación de Cartago.
SUMARIO
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Palabrario..... pág.3
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Latinajos...... pág.4
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Opinión........ pág.5
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Soci-red....... pág.6
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Literatura..... pág.7
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Música Sí...... pág.8
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Aje3........... pág.9
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Días de Cine... pág.10
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Radio Diane.... pág.11
